España tiene un problema: no somos una Comunidad… ¿y llegaremos a serlo?

 

España tiene un problema: no somos una Comunidad… ¿y llegaremos a serlo?

En Made in Spain Gourmet llevamos años defendiendo algo que para nosotros es casi una obviedad: los productos gourmet españoles son excepcionales. No buenos. No correctos. Excepcionales. Por calidad, por diversidad, por historia, por territorio y por las personas que hay detrás de cada proyecto.

Y, sin embargo, cuando miramos fuera de nuestras fronteras, cuando observamos cómo nos posicionamos como país, aparece una sensación incómoda que cuesta admitir: no estamos jugando en equipo. Y eso, en un mundo globalizado, se paga caro.

España tiene talento, tiene producto y tiene relato. Lo que no tiene —al menos todavía— es una mentalidad de comunidad. Y mientras no la tengamos, seguiremos yendo unos cuantos pasos por detrás de países como Italia o Francia, que entendieron hace tiempo que cuando uno gana fuera, ganan todos.

Historias maravillosas… que se quedan a medias

Cada semana conozco historias increíbles. Empresas pequeñas y medianas que hacen las cosas muy bien. Productores con productos únicos, con identidad, con alma. Aceites que podrían estar en cualquier mesa del mundo, quesos que emocionan, conservas que cuentan el mar mejor que cualquier libro… ¡Productos que yo mismo tendría en mi despensa sin dudarlo!

Pero cuando la conversación gira hacia la comercialización —y especialmente hacia la internacionalización— algo cambia. Aparecen los silencios. Las dudas. El miedo. El “no sabemos por dónde empezar”. Y no porque el producto no esté a la altura, sino porque no tienen los recursos, ni la experiencia, ni el acompañamiento para dar ese salto con seguridad. Y aquí es donde fallamos como país.

Sin compartir conocimiento no se crece

Es así de simple. Sin compartición de conocimiento no se puede crecer fuera de nuestras fronteras.

¿Por qué lo hacemos tan difícil?
¿Por qué no compartimos lo que sabemos?
¿Por qué cada uno prefiere ir por libre, probar, equivocarse, perder tiempo y dinero… antes que sumar esfuerzos?

Estas preguntas apuntan, en gran medida, a los gobiernos regionales, a los organismos públicos, a los ICEX de turno. Pero sería injusto quedarnos ahí. Porque los productores, muchas veces, tampoco quieren compartir. Prefieren la guerrilla individual, el “yo me lo guiso, yo me lo como”, aunque eso signifique no crecer nunca como lobby ni como marca país. Y mientras tanto, otros países avanzan juntos.

El caso del AOVE: un ejemplo claro

Tomemos el Aceite de Oliva Virgen Extra. Probablemente uno de los mejores productos que tiene España y, paradójicamente, uno de los peor explicados fuera. Tenemos variedades únicas: picual, hojiblanca, arbequina, cornicabra… Tenemos regiones con identidad propia: Jaén, Córdoba, Toledo, Cataluña, Extremadura, Levante… ¿No sería lógico ir de la mano para desarrollar estas variedades y regiones de forma conjunta? ¿No tendría sentido eliminar de la ecuación a los grandes grupos que confunden al consumidor con “aceite de oliva” genérico, mezclas de origen dudoso (no tan dudoso, Marruecos, Túnez…) y precios imposibles porque compran producto fuera para rebajar costes?

Lo que falta aquí es una estrategia común, potente y profesional. Acciones comerciales bien pensadas, tanto fuera como dentro de España.
Eventos donde invitemos a chefs relevantes, influencers con criterio, distribuidores gourmet internacionales. Experiencias donde prueben, aprendan, entiendan… y luego puedan recomendar nuestras bondades como nadie a sus comunidades. Europa, Asia y América están ahí. Esperando. Pero no van a entendernos si no nos explicamos bien. Y eso no se hace en solitario.

 

El lujo que se corta a cuchillo: descubre el auténtico Jamón Ibérico

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El ibérico: cuatro DO, una oportunidad gigante

Otro ejemplo evidente: el ibérico. Tenemos cuatro Denominaciones de Origen (Jabugo, Guijuelo, Dehesa de Extremadura y Valle de los Pedroches), cada una con su identidad, su territorio, su saber hacer. Y, sin embargo, seguimos comunicando de forma fragmentada, confusa, a veces incluso contradictoria.

Cada DO debería desarrollar un plan de negocio sólido, que incluya comunicación, marketing y acción comercial. Un plan que transmita claramente su unicidad, su calidad y sus propiedades diferenciales. Que eduque al consumidor internacional y le haga entender por qué un ibérico 100%  no es “un jamón más”. Aquí no se trata de competir entre nosotros, sino de elevar la categoría completa. Cuando el mundo entiende el valor del ibérico, todos ganamos. Y no tenemos que justificar su precio, que parecemos tontos autoreduciendo la calidad de algo único simplemente porque no lo sabemos vender como debemos.

 

Conservas y quesos: un patrimonio que no sabemos vender juntos

 

Y qué decir de nuestras conservas y nuestros quesos. Anchoas de Cantabria, Conservas gallegas, Atún rojo del Mediterráneo, Bonito del norte, Erizos, navajas, ostras, mejillones, caballa de Andalucía…

O nuestros quesos: manchego, cabrales, garrotxa, gamonéu, zamorano… Una diversidad que muchos países envidiarían.

Aquí el problema es el mismo: excelencia individual, estrategia colectiva inexistente. Cada uno comunica como puede, vende como sabe y llega hasta donde le alcanza. Y así es muy difícil construir una imagen fuerte y coherente de lo que España representa en el mundo gourmet.

Hacer lobby no es algo negativo

 

En España la palabra “lobby” suele generar rechazo. Pero hacer lobby, bien entendido, es simplemente defender intereses comunes de forma profesional.

Italia lo hace. Francia lo hace. Y no pasa nada. Al contrario: sus productores se benefician, su marca país se refuerza y su posicionamiento global es sólido.

Nosotros tenemos que perder el miedo a eso. A unirnos. A compartir. A pensar a largo plazo.

Made in Spain Gourmet quiere liderar… pero no puede hacerlo solo

 

Desde Made in Spain Gourmet tenemos clara una cosa: queremos liderar este movimiento. Queremos ser un punto de encuentro, una plataforma, una voz que empuje hacia esa comunidad que hoy no existe. Pero para que eso funcione necesitamos empresas que nos sigan. Empresas que entiendan que esta es la vía. Que dejar de ir solos no es perder identidad, sino multiplicar oportunidades. Que hacer las cosas de forma profesional, conjunta y estratégica es la única manera de conquistar mercados de verdad.

España no tiene un problema de producto. Tiene un problema de mentalidad. La buena noticia es que eso sí se puede cambiar. Pero solo si decidimos hacerlo juntos.