¿Por qué somos tan “tontos” los españoles, franceses e italianos?
Lo digo con cariño, pero también con la crudeza que exige el liderazgo: a veces actuamos como si lo fuéramos. Y no porque nos falte talento, historia o producto. Todo lo contrario. Si hay algo que define a España, Francia e Italia es precisamente la excelencia gastronómica y cultural que hemos regalado al mundo durante siglos.
La Mediterranean Diet fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad porque no es solo una forma de comer; es una forma de vivir, de compartir, de entender la tierra, el tiempo y la familia. Y, sin embargo, siendo los custodios naturales de ese legado, muchas veces actuamos de manera fragmentada, como si compitiésemos entre nosotros por un trono que ya es nuestro.
Italia ha convertido su cocina en una bandera global. Sus aceites, embutidos, quesos, pastas, pizzas, trufas y vinos forman parte del imaginario colectivo mundial. Francia ha hecho lo propio con una estrategia de país impecable: quesos, embutidos, foie gras, patés, mermeladas, y el símbolo universal del lujo que es el Champagne. Y España, mi querida España, no se queda atrás. El AOVE, los embutidos ibéricos, el jamón —nuestro Santo Grial—, las conservas, los quesos, los vinos, los productos del mar… Tenemos un patrimonio gastronómico que no tiene nada que envidiar a nadie.
Hace unos días, conversando con chefs franceses estrellados, profundamente conocedores y respetuosos con el producto español, me surgió una pregunta incómoda: si somos tan parecidos en esencia y tan potentes como referentes mundiales, ¿por qué no planteamos una estrategia conjunta para conquistar, de manera coordinada, el resto del planeta?
¿Por qué seguimos actuando como compartimentos estancos cuando el mundo ya funciona en bloques?
Yo lo llamaría Mediterraneaning.
No como eslogan vacío, sino como concepto estratégico. Mediterraneaning es transmitir conocimiento, cultura, innovación, tradición y, sobre todo, salud. Porque si algo diferencia a nuestra cocina frente a otras grandes tradiciones culinarias es su equilibrio natural entre placer y bienestar. Diversidad vegetal, aceite de oliva como grasa estructural, consumo moderado de proteínas animales, legumbres, cereales, pescado… La dieta mediterránea no compite en tendencias; simplemente resiste el paso del tiempo.
Sin embargo, el mercado global no espera. Asia, Oriente Medio y América buscan experiencias auténticas, historias reales y productos con alma. ¿Qué pasaría si España, Francia e Italia desarrollaran plataformas conjuntas de promoción en terceros mercados? ¿Qué sucedería si en lugar de competir por centímetros lineales en una estantería, creáramos espacios mediterráneos integrados? ¿Si compartiéramos logística, inteligencia de mercado y narrativa cultural?
El liderazgo no consiste en imponerse, sino en proponer una visión que otros quieran seguir. Y aquí es donde debemos ser honestos: nuestra forma de ser, orgullosa y profundamente identitaria, a veces nos limita. Confundimos patriotismo con aislamiento. Pensamos que colaborar nos resta protagonismo cuando, en realidad, nos multiplica.
Sumar siempre es sinónimo de llegar más lejos.
España, Francia e Italia han sido, a lo largo de la historia, aliados, rivales, vecinos incómodos y socios inevitables. Nos hemos influenciado, invadido, admirado y copiado mutuamente. Nos conocemos demasiado bien como para ignorar que compartimos raíces culturales profundas. Precisamente por eso, estamos en una posición privilegiada para liderar una nueva etapa. No se trata de diluir identidades nacionales, sino de reforzarlas dentro de una estrategia común. La fortaleza del Mediterráneo no está en la uniformidad, sino en la diversidad bajo un mismo sol. Si creemos de verdad en el valor de nuestros productos, en la calidad de nuestros agricultores, ganaderos, pescadores y artesanos; si creemos que la gastronomía es cultura y que la cultura es influencia, entonces debemos dar un paso más allá del orgullo individual y apostar por la ambición colectiva.
Y si en ese camino le toca a España dar el primer paso y proponer la unificación estratégica del Mediterraneaning, que así sea. No desde la arrogancia, sino desde la convicción serena de quien sabe lo que vale y no necesita demostrarlo gritando, sino construyendo. Una vez más en Made in Spain Gourmet nos toca liderar pero lo hacemos con pasión y sobretodo con gusto.
Porque tontos no somos. Lo seríamos si, teniendo todo, no fuéramos capaces de hacerlo juntos.




