Made in Spain: o construimos juntos… o seguiremos vendiendo solos
28 de marzo de 2026
Israel Romero Delcán CEO & Founder de Made in Spain Gourmet
He pasado estos días en la Feria Alimentaria de Barcelona y vuelvo con una sensación difícil de ignorar: el sector gourmet español está más vivo que nunca… pero seguimos sin jugar en equipo. Y eso, en el contexto actual, es tan estimulante como preocupante.
Porque sí, hay algo evidente. El mundo nos está mirando. Lo he visto con mis propios ojos. Importadores asiáticos —incansables, insistentes, a veces incluso abrumadores— mostrando un interés real por nuestras empresas. Europeos cada vez más receptivos. Norteamericanos y latinoamericanos que empiezan a entender que en España no solo hay tradición, sino también excelencia contemporánea. España está de moda. Nuestros productos interesan. Y la internacionalización ya no es una opción, es una necesidad. Pero aquí viene la reflexión incómoda.
Cada vez somos más los que queremos salir fuera, pero cada uno lo hace a su manera. Sin estrategia común, sin narrativa compartida, sin una visión de país que nos una. Seguimos funcionando como islas: empresas brillantes, sí, pero aisladas. Productos excepcionales, pero sin una construcción colectiva que multiplique su valor. Y eso debilita todo.
Porque, siendo honestos, el verdadero “Made in Spain” aún no existe como concepto sólido en la mente del consumidor internacional. No hemos construido ese paraguas que debería protegernos, impulsarnos y posicionarnos. Ese sello que, al verlo, transmita automáticamente calidad, autenticidad y confianza. Hoy, lo que ve un importador cuando recorre una feria es otra cosa. Lo que percibe es dispersión.
Un ejemplo claro es el aceite de oliva. Somos la primera potencia mundial. Sin discusión. Pero cuando caminas entre los stands, no sientes ese liderazgo. Ves muchas marcas, sí, pero no ves una historia común. No hay relato. No hay fuerza conjunta. No hay sensación de dominio. Más bien parece un bazar.
Y eso es una oportunidad perdida. Porque cuando no construyes una narrativa colectiva, reduces el impacto individual de cada marca. Limitas tu capacidad de influencia. Y, sobre todo, renuncias a algo clave en los mercados internacionales: el efecto arrastre. En este contexto, llevo tiempo reflexionando sobre lo que, para mí, debería ser el camino. Y lo resumo en una imagen muy clara: el método de la tuneladora. Una tuneladora no compite con el terreno. Lo atraviesa. Retira lo que no interesa y, al mismo tiempo, construye un canal sólido, firme, protegido. Un canal propio. Eso es lo que deberíamos hacer como sector.
Crear un espacio donde nuestras marcas entren con coherencia, donde el mensaje sea claro y donde el cliente internacional reciba una propuesta ordenada, filtrada y potente. Sin ruido. Sin confusión. Sin improvisación. Porque lo que también he visto en la feria es precisamente lo contrario: mensajes confusos, posicionamientos poco claros, espacios que no transmiten lo que realmente somos. Iniciativas privadas con nombres grandilocuentes pero sin un criterio sólido de selección, como son Luxury Spain o Excellence of Spain. No puedes tener una empresa de máxima calidad de AOVe’s como Castilla de Canena y a Aneto en la misma lista, lo siento, eso es incongruente. Espacios públicos que no seducen, que no emocionan, que no cuentan nada, como era Alimentos de España. “El país más rico del mundo” se merecía un área mucho mas cuidada y con soporte físico para genera mejor y mayor afluencia de personas. Y lo más preocupante: poca experiencia.
Uno de los momentos que más me hizo reflexionar fue el concurso de aceites. Cien referencias extraordinarias, probablemente uno de los mejores escaparates del mundo de nuestro “oro líquido”. Y sin embargo, la puesta en escena era fría, estática, casi indiferente. Botellas alineadas, sin relato, sin personas que explicaran, sin una experiencia que conectara con quien estaba delante.
¿De verdad eso es lo mejor que sabemos hacer con uno de nuestros mayores embajadores gastronómicos? No se trata solo de mostrar producto. Se trata de emocionar, de educar, de crear recuerdo. De hacer entender por qué lo nuestro es diferente. Imagino ese mismo espacio con chefs jóvenes llenos de vida y con ganas de aportar su valor, cocinando en directo, con degustaciones guiadas, con aplicaciones reales del producto. Eso sí generaría impacto. Eso sí construiría valor. Porque aquí hay otra gran verdad que debemos asumir: no es que otros países vendan mejor que nosotros. Es que han decidido vender mejor. Han entendido que la marca país no es un concepto institucional. Es una herramienta comercial. Es estrategia. Es posicionamiento. Es futuro. España tiene todo para liderar el segmento gourmet a nivel mundial. Producto, diversidad, cultura, historia. Pero el mercado no espera. Y si no somos capaces de estructurar esa propuesta, otros ocuparán ese espacio mental. Y recuperarlo después será mucho más difícil.
Por eso, desde Made in Spain Gourmet, tenemos una visión muy clara. No queremos ser solo un canal de venta. Queremos ser un punto de unión. Un lugar donde las marcas encuentren coherencia, donde el mensaje sea consistente, donde el cliente entienda qué es realmente el gourmet español. Porque el futuro no es individual. Es colectivo. Es estratégico. Y también es emocional. No necesitamos ser más. Necesitamos estar mejor organizados. No necesitamos copiar a nadie. Necesitamos creer más en lo que somos. Y, sobre todo, necesitamos construir un “Made in Spain” que esté a la altura de nuestros productos. Porque lo que tenemos es único.
Ahora solo falta algo muy simple: querer venderlo mejor.





